Hermanas:
Como cada trimestre escribo unas líneas dirigidas a ustedes, queridas lectoras. Dándole siempre gracias a Dios por tantos favores y carismas que como mujeres recibimos día a día y que, a veces, no le agradecemos suficientemente en nuestras oraciones debido a lo agobiadas que frecuentemente nos sentimos en estos tiempos difíciles.
Seguimos trabajando en la formación y la promoción de la mujer, objetivos de nuestro Movimiento presentes en cada reunión mensual donde se imparten temas relacionados con este propósito y nos ayudan a construir una vida nueva, tratando de visualizar la meta que nos hemos propuesto, siempre con una mirada de amor, respeto y cariño, no solo en el seno familiar que es por donde debemos empezar sino en el mundo que nos rodea, dentro y fuera de nuestra Iglesia. Hay tanto por hacer… Dios nos ha creado tan fuertes, aunque a veces nos sintamos muy frágiles y nos parezca que las fuerzas fallan para seguir adelante.
Acabamos de vivir la Semana Santa y con ella el gozo de la celebración de la Resurrección del Señor que es el centro de nuestra fe.
Nos acercamos también en este trimestre a fechas importantes para nuestra familia: el día de las Madres y el día de los Padres. Ambos momentos los celebramos con mucho amor que trasciende la frontera de la lejanía de nuestros hijos. Por ello, reciban las felicitaciones más sinceras por parte del colectivo de Nosotras y nuestros mejores deseos de paz, amor y bendiciones.
Mayo y junio, meses anhelados y esperados por todos. Mayo, mes de las Madres; junio, de los Padres. Son dos momentos del año que vienen a recordarnos que podemos continuar con nuestros buenos propósitos de comienzo del 2018. Nosotras, cada vez más, debemos tomar conciencia y actuar como mujeres llamadas a dar vida, siempre y en todo tiempo. Y el dar vida no es exclusivo para nosotras, también los hombres están llamados a ello. (leer)
Realmente, la historia del siglo diecinueve en La Habana me parece fabulosa. Punto y aparte de las guerras, esclavitud y precariedad económica para algunos, nuestra querida ciudad alcanzó avances y logros que muy difícilmente podrán verse nuevamente. Solamente, en mi modesta opinión, la segunda mitad del siglo XX intentó acercarse a ese esplendor y apertura a nuevas posibilidades que hicieron de nuestra isla, en Latinoamérica y el mundo, un país de referencia y visita casi obligatoria.
Uno de los tantos hechos que contribuyeron a esa majestad de nuestro enclave portuario fue la presencia del ferrocarril en las calles. Por el corto espacio de este artículo solo me acercaré a los lugares y estaciones más importantes de entonces.
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Yo era una jovencita huérfana, criada por mi tío Mardoqueo. Él tuvo una educación exquisita y por eso fue llamado junto al rey Asuero para que le ayudara como ministro en los asuntos del gobierno. Ambos éramos judíos y vivíamos en Susa, capital de Persia, en lo que hoy llaman Oriente Medio. Éramos exiliados.
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